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A más de dos décadas de la caída de Alfredo Stroessner, ocurrida en febrero de 1989, aún persisten interrogantes sobre los verdaderos móviles de aquel levantamiento militar. Según fuentes cercanas a los hechos, la operación estuvo dirigida por el fallecido general Andrés Rodríguez y su planificación habría tomado años de gestación, con argumentos tan sólidos que solo dos de sus colaboradores más leales conocían en su totalidad los verdaderos alcances del plan.
Sin embargo, lo que pocos sabían, y que nuestro informante revela, es que el objetivo final era derrocar al dictador. Pero la versión que trascendió fue otra. En realidad, según esta fuente, se trató de un relato cuidadosamente construido por el general Rodríguez, una estrategia que terminó resultando exitosa más allá de lo imaginable. ¿Quién, en aquellos años de plomo, se habría atrevido a enfrentar abiertamente al temido Alfredo Stroessner?
El engaño, según nuestra fuente, consistió en hacer creer que el plan tenía como objetivo defender al país y a las Fuerzas Armadas ante un eventual fallecimiento o incapacidad del mandatario. La amenaza que se utilizaba como argumento era el famoso “Cuatrinomio de Oro”, el grupo de poder que, según se sostenía, podría asumir un papel determinante en el gobierno si Stroessner moría.
El denominado Cuatrinomio estaba integrado por Sabino Augusto Montanaro, Adán Godoy, Mario Abdo Benítez y Eugenio Jacquet, figuras de gran influencia dentro del régimen y vinculadas a una estructura de poder consolidada durante los años de la dictadura.
La orden, entonces, era clara: si Stroessner desaparecía, había que defender al país y a las Fuerzas Armadas de la eventual continuidad de ese grupo de poder.
Lo que nadie imaginó, según la versión de nuestra fuente, es que aquella amenaza pudo haber funcionado como una coartada para un objetivo mucho más profundo: preparar las condiciones para terminar con el régimen de Stroessner.
Hoy, con el paso del tiempo, esperamos que algunos de los protagonistas de aquellos acontecimientos que aún permanecen con vida se animen a contar lo que realmente ocurrió detrás de los acontecimientos del 2 y 3 de febrero de 1989.
Solo a través de sus testimonios, documentos y recuerdos será posible reconstruir aquellos días y determinar cuánto hubo de verdad, cuánto de estrategia y cuánto de secreto en la operación que puso fin a 35 años de dictadura.
La historia todavía tiene preguntas sin responder.



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