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Honor Colorado ante su hora decisiva: poder, disidencia y la disputa por el 2028.

Por el Lic. Peter Acosta — Politólogo y analista político.
La política paraguaya comienza a transitar un escenario que exige algo más que una lectura superficial de los acontecimientos. La disputa entre Horacio Cartes y Pedro Alliana, la aparición  de  Juan  Carlos  Baruja  como  posible  candidato  presidencial  de  Honor Colorado  y  la  reorganización  de  la  disidencia  colorada  abren  interrogantes  sobre  la distribución real del poder dentro de la Asociación Nacional Republicana (ANR) y sobre quién tendrá la capacidad de conducir el proceso hacia las elecciones presidenciales de 2028.

Para comprender lo que sucede, es necesario partir de una realidad: Horacio Cartes ha sido el principal conductor político de Honor Colorado y una figura central en su articulación económica y organizativa. Sin embargo, el poder de un movimiento no se sostiene únicamente sobre los recursos y la autoridad de su líder. También depende de gobernadores, legisladores, intendentes, dirigentes territoriales y operadores políticos que contribuyen a construir su fuerza electoral.

Cuando estos sectores adquieren peso propio, la relación entre conducción y obediencia puede entrar en tensión. En ese contexto, la disputa actual plantea una pregunta fundamental: ¿hasta dónde llega la autoridad del liderazgo central cuando una parte de su propia estructura comienza a reclamar mayor autonomía?

La resistencia de Alliana a abandonar su precandidatura presidencial plantea precisamente esa cuestión. ¿Estamos ante una pérdida de autoridad de Cartes, ante dirigentes que comienzan a reclamar mayor independencia o ante un conflicto que todavía puede resolverse mediante una negociación interna? Por ahora, los hechos permiten hablar de una disputa política relevante, pero no de una pérdida definitiva del liderazgo cartista.

El respaldo anunciado por los quince gobernadores colorados a Alliana constituye una señal política significativa. No obstante, será necesario comprobar si esa unidad se mantiene cuando llegue el momento de definir candidaturas y negociar espacios de poder. Una declaración pública expresa una posición; sostenerla frente a una decisión contraria de la conducción partidaria exige una voluntad política mucho mayor.

Tampoco corresponde atribuir estas tensiones al estado de salud de Cartes sin elementos verificables que permitan establecer esa relación. La cuestión central no es su condición personal, sino la capacidad efectiva de su liderazgo para lograr que sus decisiones sean aceptadas por el conjunto del movimiento.
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La disidencia colorada se organiza y busca una candidatura única.
Mientras Honor Colorado enfrenta sus diferencias internas, la disidencia colorada intenta avanzar en una dirección propia. La reunión realizada en la residencia del senador Luis Pettengill, con la participación de referentes de Colorado Añetete, Fuerza Republicana y Causa Republicana, refleja una iniciativa concreta para construir una alternativa presidencial dentro de la ANR.

Mario Varela afirmó que el encuentro estaba programado desde hacía quince días y que la hoja de ruta de la disidencia no depende de la crisis de Honor Colorado. También anunció la intención de definir una chapa presidencial única entre diciembre y los primeros días de enero.

Este dato es relevante porque la reorganización disidente no debe interpretarse simplemente como una reacción a los problemas del cartismo. Sin embargo, anunciar una candidatura única no equivale a haberla construido. La presencia de varios aspirantes, entre ellos Luis Pettengill y Arnoldo Wiens, obliga a establecer un mecanismo de selección y a conseguir que quienes no resulten elegidos permanezcan dentro del proyecto político.

La eventual incorporación de Pedro Alliana podría modificar ese escenario, aunque por ahora no debe darse por sentada. Si el vicepresidente decide competir fuera de Honor Colorado, tendrá que demostrar que el respaldo territorial que se le atribuye puede transformarse en una estructura política capaz de sostener una candidatura presidencial.

A su vez, la disidencia deberá decidir si está dispuesta a incorporar nuevos actores sin desarticular los acuerdos que intenta construir.

La eventual fractura de un sector no garantiza automáticamente la unidad de sus adversarios. Esa es una de las principales lecciones de la política: los intereses comunes pueden acercar a los dirigentes, pero las ambiciones individuales también pueden separarlos.
Las municipales y los límites de una lectura apresurada.
La victoria colorada en 187 municipios durante las elecciones del 4 de octubre confirma que la ANR conserva una considerable capacidad de organización territorial. Sería un error ignorar ese resultado o interpretar las diferencias internas como una señal de derrumbe electoral del partido.

Sin embargo, también sería equivocado atribuir todo ese desempeño exclusivamente a Cartes. La fuerza municipal del Partido Colorado es el resultado de una estructura amplia, integrada por liderazgos locales, gobernadores, intendentes y organizaciones que poseen sus propios intereses y capacidad de movilización.

Esa misma estructura puede fortalecer al oficialismo y, al mismo tiempo, otorgar mayor capacidad de negociación a los dirigentes que discrepan con su conducción.

Por otra parte, las victorias opositoras en Asunción y Ciudad del Este recuerdan que la presencia territorial de la ANR no implica un control absoluto del electorado. La capacidad de ganar una elección municipal tampoco garantiza, por sí sola, el resultado de una contienda presidencial.

En consecuencia, las municipales deben interpretarse como una demostración de fortaleza organizativa del Partido Colorado, pero no como una garantía de victoria en 2028 ni como una prueba de que todas sus corrientes responderán a una única voluntad política.
Peña, Cartes y la oposición: tres interrogantes abiertos.
Otro aspecto que merece atención es el papel de Santiago Peña. El presidente ejerce la autoridad institucional del Poder Ejecutivo, mientras Cartes mantiene una influencia determinante en la estructura partidaria. Sin embargo, no existen elementos suficientes para afirmar que se haya consolidado un peñismo independiente con organización y capacidad política propias.

Para hablar de una corriente autónoma será necesario observar decisiones, respaldos organizados y comportamientos políticos que demuestren una independencia efectiva respecto de la conducción cartista.

También se ha mencionado el caso Ueno Bank como parte del trasfondo de las tensiones internas. Esa interpretación, atribuida a Mario Varela, debe examinarse a partir de hechos y declaraciones verificables, sin presentar como demostrada una relación causal que todavía requiere mayores elementos de corroboración.

En la oposición, las declaraciones de Miguel Prieto sobre la posibilidad de que el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) ocupe la Vicepresidencia y no necesariamente encabece la chapa presidencial revelan otra disputa por el liderazgo. El liberalismo tiene su propia historia, estructura y aspiraciones de poder, por lo que la construcción de una alternativa opositora exigirá acuerdos que todavía deben resolverse.

Si el oficialismo llega dividido a 2028, sus adversarios podrían encontrar una oportunidad electoral. Sin embargo, esa ventaja potencial podría diluirse si la oposición no consigue superar sus diferencias, establecer reglas compartidas y definir un mecanismo legítimo para seleccionar a sus candidatos.

El verdadero desafío de cara a 2028.
La crisis actual no permite afirmar que Horacio Cartes haya perdido definitivamente su autoridad, ni que todo responda a una maniobra previamente calculada. Ambas interpretaciones excederían lo que los hechos disponibles permiten sostener.

Lo que sí puede señalarse es que Honor Colorado enfrenta una disputa por la sucesión presidencial y por los mecanismos mediante los cuales se toman las decisiones políticas.

Alliana deberá demostrar la consistencia de los respaldos que se le atribuyen; Cartes, su capacidad para preservar la cohesión del movimiento; la disidencia, su voluntad de resolver las diferencias internas; y la oposición, su aptitud para construir una alternativa de alcance nacional.

En política, el poder no se mide únicamente por el dinero, los cargos o la cantidad de dirigentes que expresan públicamente su apoyo. Se mide, sobre todo, por la capacidad de convertir esos recursos en organización, disciplina, legitimidad y votos.

La disputa por el 2028 apenas comienza a perfilarse. Su desenlace no dependerá exclusivamente de las declaraciones de estos días, sino de quién consiga construir una estructura política capaz de sostener sus decisiones, mantener sus alianzas y movilizar al electorado cuando llegue el momento de competir.

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